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Intrepidez y libertad

Existe un término en sánscrito que significa, literalmente, fuerza, poder, energía; se trata de la palabra shaktí. En el contexto de la cultura shakta (matriarcal), se llama así a la mujer que, cuando está con el hombre, es su fuerza, su poder. Esta noción que es arquetípica, arcaica, dio origen a mitologías y cosmogonías del hinduismo en las que la shaktí adopta distintos roles, posee cualidades y protagoniza historias. Entre sus atributos encontramos uno que me llamó particularmente la atención: ella es la que propicia la intrepidez. Intrepidez, arrojo, coraje, osadía… todos opuestos a la cobardía que infunde el miedo.El otro día, una persona que, a propósito, considero personalmente una verdadera shaktí, me mostró una entrevista que le hicieron al fundador de la compañía de danza Lines, el coreógrafo norteamericano Alonso King. Y él decía en una parte de ese documental que el artista precisaba, ante todo, coraje. Que la técnica era fácil de alcanzar y que no era eso lo que en última instancia emociona, inspira al observador. Que lo que verdaderamente moviliza al espectador es estar ante valores nobles, como la autenticidad, la honestidad, la generosidad, la determinación. Todos estos comportamientos son realmente dignos para nuestra especie, y el artista necesita tener coraje para exponerse así en el escenario ante su público.



Se necesita valor para ser auténtico; se precisa valentía para ser sincero. El miedo es el que impide ser generoso, ser honesto. Es el miedo el tronco de todas las emociones y los comportamientos menos nobles.

Shiva, personaje mitológico, dupla masculina de la Shaktí, símbolo del máximo potencial del Ser Humano, en una de sus representaciones aparece danzando dentro de un aro de fuego. Con sus manos, hace un gesto simbólico que “disipa el temor”. La danza, la figura del arquetipo humano, de la mujer-poder, el uso de las manos y un valor primordial: la intrepidez como madre de los comportamientos más nobles. Todo relacionado.En las técnicas corporales del Método DeRose, se entrena una variante que consiste en ejecutar ciertas posiciones variando el punto de apoyo. En vez de utilizar la superficie total de las manos, se sostiene el peso del cuerpo apenas sobre la punta de los dedos. El nombre de esta variante de entrenamiento significa, literalmente, “en frágil apoyo”. Quien comienza a practicar esta modalidad de técnicas se siente inestable al principio; los dedos no están acostumbrados a soportar el peso de todo el cuerpo. Pero con la perseverancia se logra. Se desarrolla a través del entrenamiento la capacidad de estar estable, firme, pero sobre “frágil apoyo”. ¿Qué es si no la inestabilidad, el miedo a caer, lo que nos hace temerosos?

Quien conquista la firmeza sobre el apoyo frágil desarrolla la intrepidez, la osadía. Gana coraje y con eso la capacidad de ser más generoso, más honesto, más considerado, más auténtico.

Y esa es la propuesta comportamental del Método DeRose que, basado en tradiciones culturales matriarcales, valora la figura de la shaktí, promueve la intrepidez a través de sus técnicas y otorga los cimientos para que cada uno se anime y dance su propia danza sin miedo, con el coraje indispensable para ser libre.


daniel.fersztand@metododerose.org


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