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Darle cauce


En nuestras reuniones de equipo hay tiempo para todo. Para charlar de trabajo, de la amistad, de la vida. Siempre en esas charlas encontramos algún tesoro perdido en la memoria o algo nuevo que nos dan ganas de atesorar. Ahí recordamos cuando abrimos nuestra escuela, fue hace casi veinte años. Una de esas certezas que se tienen cada tanto, uno de esos vislumbres que en el momento pueden parecer un arrebato, pero que después crecen y se sostienen de manera natural e incuestionable.


Venimos escribiendo sobre el pensamiento: cómo observarlo, cómo parar de pensar. Hoy nos dieron ganas de profundizar un poco en los insights, esa especie de vislumbre que surge sobre un tema, una idea o un proyecto y que responde a algo que nos estábamos preguntando o que estaba ahí marcado con una especie de amarillo flúor en nuestra cabeza, pero no podíamos terminar de configurar.


En líneas generales, el grado de dispersión que manejamos en esta época no es un terreno propicio para los insights, por lo cual en primera instancia sugerimos que si hay algo sobre lo que te gustaría que te caiga una ficha, lo tengas más a mano en tu cabeza, señalizado, presente y no en el mismo plano que todas las otras millones de cosas que nos atraviesan. Y por otro lado, saber que en general no es mientras insistimos en un tema que surge la claridad, sino en ese momento posterior, ese momento en que nos vamos a dar una vuelta, miramos por la ventana, o nos sentamos a meditar, y entonces, ¡voilà!, tal vez, la ficha cae. Y aquí la gran pregunta: cómo saber si es un insight o si fue una idea random. A veces basta con anotar aquello que se nos ocurrió en un cuaderno y ver, al día siguiente, si queremos darle cauce. Lo importante es no rechazar esas preciadas ideas que nos vienen cada tanto y no terminamos de comprender, no inhibir ese mecanismo. Así, de vez en cuando, quizás nos surja un vislumbre, un arrebato que, como nuestra escuela, se sostenga por más de quince años.

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