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Conciencia en el movimiento

👀 No podría afirmar que lo mío es por default la conciencia en el movimiento, sino más bien un conocimiento adquirido, por decisión y también, podría decir, por gusto.

😅 En mi vida he tenido algunas caídas memorables, tropezones de esos en que el cuerpo sale bastante bien, aunque no bien parado, pero la falta de glamour es notable aunque la sobra de humor aún más. A saber:

🤭 Caída por la escalera alfombrada del British Arts Centre, trabajando de acomodadora en el teatro: rodé despatarrada un par de escalones hacia abajo, por suerte alfombrados, para luego volver a ponerme de pie (despeinada) y seguir acomodando a las personas en las butacas de acuerdo a la numeración de sus entradas. Escaso glamour, risas por dentro, silencio por fuera, ningún machucón.

👁️ Caída al llegar a Huntsville, Alabama, becada para visitar la Nasa: no tuve mejor idea que pasar el bolso con todas mis cosas volando por arriba de mi cabeza y, claro, con el impulso cae al piso, y yo, siguiendo el impulso, me tropiezo con mi propio bolso, aterrizo en el suelo, me pongo de pie y ante las cámaras digo: hola, soy Lucía de Argentina. Glamour más escaso aún, cero risas (aunque lo recuerdo siempre con humor), aires de preocupación, pantalón roto, orgullo.

🥹 Estas son dos de mis caídas memorables pero tengo más, muchas más: de la bici en el circuito KDT; bajando por la calle Zabala, caer para arriba (sí, para arriba) y recién después para abajo; enredada en mis propios pantalones, calle Zabala nuevamente; bajando de Laguna Negra, caída con mochila y barranca abajo cual tortuga dada vuelta, dificultades para levantarme por el peso y la inclinación. Sin duda hubo muchas otras.

💪🏽 Entonces decido, elijo, aprender a tener más conciencia corporal, a moverme de manera más sutil, a no interponerme en el camino de las demás personas, a no chocar con las cosas, ni golpearlas, ni tirarlas, ni romperlas, o al menos reducir el margen de posibilidades. Ser más silenciosa, discreta, atenta (pero no menos graciosa). Me gusta pensar que hay cosas que podemos elegir, aprender, incorporar. Literal: incorporar, hacer cuerpo.

💥 Hace un tiempo hablaba con mi mamá y me contó una historia que me pareció genial: estaba caminando por la calle, había una baldosa salida y se tropezó. En el camino hacia el suelo, ella se encontró a sí misma en un lugar conocido, haciendo una de las técnicas de equilibrio que había aprendido tomando clases conmigo. Y ante el lugar familiar, pudo decidir qué hacer y frenó su propia caída recuperando la estabilidad.

⭐ Eso me lleva a pensar en la construcción corporal de lugares familiares, de tipos de movimiento, de posibles estabilidades: sobre un pie, sobre el otro, sobre la punta del pie, sobre la punta de los dedos de las manos. Lidiar con esos posibles puntos de apoyo distintos también es una manera de desarrollar conciencia corporal. Y la semilla de la idea de que esa conciencia corporal que aprendemos con el entrenamiento y por decisión permee nuestras vidas y llegue a ser parte de nuestro andar cotidiano.👀 No podría afirmar que lo mío es por default la conciencia en el movimiento, sino más bien un conocimiento adquirido, por decisión y también, podría decir, por gusto.


😅 En mi vida he tenido algunas caídas memorables, tropezones de esos en que el cuerpo sale bastante bien, aunque no bien parado, pero la falta de glamour es notable aunque la sobra de humor aún más. A saber:


🤭 Caída por la escalera alfombrada del British Arts Centre, trabajando de acomodadora en el teatro: rodé despatarrada un par de escalones hacia abajo, por suerte alfombrados, para luego volver a ponerme de pie (despeinada) y seguir acomodando a las personas en las butacas de acuerdo a la numeración de sus entradas. Escaso glamour, risas por dentro, silencio por fuera, ningún machucón.


👁️ Caída al llegar a Huntsville, Alabama, becada para visitar la Nasa: no tuve mejor idea que pasar el bolso con todas mis cosas volando por arriba de mi cabeza y, claro, con el impulso cae al piso, y yo, siguiendo el impulso, me tropiezo con mi propio bolso, aterrizo en el suelo, me pongo de pie y ante las cámaras digo: hola, soy Lucía de Argentina. Glamour más escaso aún, cero risas (aunque lo recuerdo siempre con humor), aires de preocupación, pantalón roto, orgullo.


🥹 Estas son dos de mis caídas memorables pero tengo más, muchas más: de la bici en el circuito KDT; bajando por la calle Zabala, caer para arriba (sí, para arriba) y recién después para abajo; enredada en mis propios pantalones, calle Zabala nuevamente; bajando de Laguna Negra, caída con mochila y barranca abajo cual tortuga dada vuelta, dificultades para levantarme por el peso y la inclinación. Sin duda hubo muchas otras.


💪🏽 Entonces decido, elijo, aprender a tener más conciencia corporal, a moverme de manera más sutil, a no interponerme en el camino de las demás personas, a no chocar con las cosas, ni golpearlas, ni tirarlas, ni romperlas, o al menos reducir el margen de posibilidades. Ser más silenciosa, discreta, atenta (pero no menos graciosa). Me gusta pensar que hay cosas que podemos elegir, aprender, incorporar. Literal: incorporar, hacer cuerpo.


💥 Hace un tiempo hablaba con mi mamá y me contó una historia que me pareció genial: estaba caminando por la calle, había una baldosa salida y se tropezó. En el camino hacia el suelo, ella se encontró a sí misma en un lugar conocido, haciendo una de las técnicas de equilibrio que había aprendido tomando clases conmigo. Y ante el lugar familiar, pudo decidir qué hacer y frenó su propia caída recuperando la estabilidad.


⭐ Eso me lleva a pensar en la construcción corporal de lugares familiares, de tipos de movimiento, de posibles estabilidades: sobre un pie, sobre el otro, sobre la punta del pie, sobre la punta de los dedos de las manos. Lidiar con esos posibles puntos de apoyo distintos también es una manera de desarrollar conciencia corporal. Y la semilla de la idea de que esa conciencia corporal que aprendemos con el entrenamiento y por decisión permee nuestras vidas y llegue a ser parte de nuestro andar cotidiano.

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