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¿Represión o administración de conflictos?

👉🏽 Esta semana compartimos un texto del Profesor DeRose, de su libro Mude o mundo, comece por você, que trata sobre administración de conflictos.


🧐Lo que proponemos no tiene nada que ver con reprimir la rabia. El concepto de administración de conf lictos consiste en usar la inteligencia en vez de la emoción desvariada. Reprimir sería impedir el libre flujo de la emoción destructiva. Administrar conflictos consiste en no bloquear, y en cambio direccionar, canalizar, sublimar a fin de que las emociones salgan, fluyan libres, pero en la dirección que más nos conviene con vistas a resultados futuros.


🌊 Mi juventud transcurrió en las playas de Ipanema y Leblon. Desde chicos aprendimos a no luchar contra la corriente. Si la corriente nos alcanza, no debemos luchar contra ella nadando hacia la tierra firme. El resultado sería infructífero; acabaríamos agotando nuestras fuerzas y moriríamos ahogados. Todo buen nadador de mar abierto sabe que si cae en una corriente debe nadar a favor de ella, hacia afuera, dar la vuelta y sólo después nadar en dirección a la playa. Así es también en las relaciones humanas y afectivas.


👁️ Cuando era más joven, mi cabello era rebelde (menos mal que era sólo el cabello). Durante años cambié de peluquero, buscando una solución, pero todas las tentativas de dominar aquel pelo con voluntad propia resultaron frustradas. Hasta que un día un profesional más viejo me dijo que no luchara contra el cabello. “No sirve peinarlo hacia atrás, porque esa no es su naturaleza. Ceda a la tendencia del pelo y cepíllelo primero hacia la frente. Después hacia abajo. Y, sólo entonces, para atrás.” Lo hice, ¡y quedé perplejo! El cabello aceptó mi comando y se comportó como yo quería.


⛱️ Estos dos ejemplos tienen como objetivo ilustrar que, para vencer, algunas veces es preciso saber ceder. No reprimirse, sino aplicar estrategias de liderazgo.


⛰️ Imagine una enorme piedra, estable a la vera de un barranco. La piedra es nuestro plano emocional. Mientras está allí, parada, nos da la impresión de que su estabilidad es perenne. Sin embargo, su posición la torna susceptible de rodar hacia abajo. Basta un pequeño toque, tal vez con la punta del dedo índice, para hacer que pierda su aparente estabilidad y se precipite destruyendo todo. Así es nuestro emocional. En un momento uno está feliz y alegre; al momento siguiente —por una eventualidad cualquiera— se torna furioso o entristecido.

Por otro lado, si la piedra comienza a oscilar en la posición en que se encuentra, también basta un dedo del otro lado para evitar que comience a rodar. Es así como funciona nuestro emocional.


👉🏽 Si usted consigue detectar una amenaza de brote de emocionalidad apenas un instante antes que se desate, será muy fácil evitar ese ataque de nervios.


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